El Jardín que Soñamos: Migrar como mariposa

POR: ENCUADRES

22-03-2026 00:42:55

El Jardín que Soñamos: Migrar como mariposa


Es de noche, un inmigrante afrodescendiente desciende con rapidez por el monte hasta una carretera improvisada; a lo lejos se acerca un camión de luces coloridas y música a todo volumen que no se detiene. Tras gritarle alguna cosa, el copiloto le avienta una bolsa de plástico; el hombre la recoge del suelo y, al revisarla, se da cuenta de que no le enviaron la medicina que necesita su hija.

El punto de vista en El Jardín que Soñamos tiene una sutileza que se sincroniza con su entorno natural. La totalidad de la obra ocurre en los bosques del Estado de México y Michoacán, que en conjunto son el hábitat y santuario de la mariposa monarca. Gracias a su instinto de supervivencia, ellas atraviesan, a pesar de no conocerlo más que por un impulso milenario, miles de kilómetros para prosperar en tierras más cálidas. Joaquín del Paso, con esta metáfora, forma un símil sutil: una necesidad íntima, dolorosa y profundamente importante para México —reconocerse no sólo como punto de partida para migrantes, sino destino de muchas otras personas que también están buscando un lugar para vivir con dignidad—.


La obra trabaja otros dos frentes además del de la migración. Porque la familia de migrantes haitianos afrodescendientes es orillada a trabajar con los talamontes, mercenarios prácticamente, que deben pactar pagos y cuotas con los pueblos aledaños a los cerros, quienes, hartos de la violencia, han desarrollado también un brazo armado, una autodefensa. Así, la imposibilidad de integrarse en comunidad cuando esta se encuentra tan desarticulada se vuelve evidente. El acierto de la cinta radica en ilustrar a los tres bandos en la totalidad de su espectro. Tan mal podría parecer que una persona se dedique a la tala ilegal como que un pueblo se corrompa para permitirlo por una tajada. ¿Está bien darle empleo a un migrante a pesar de precarizarlo y sistemáticamente explotarlo? Está claro que las preguntas no son sencillas y por eso las respuestas a ellas no llegan. El Jardín que Soñamos transita, como sus protagonistas, estos territorios con un respeto muy inteligente, al darle a todos una voz clara y concisa, retratando su existencia sin condenarla.


Esa misma química se siente al momento de enumerar sus valores de producción. Contando con un reparto con actores profesionales y no profesionales, se potencia esa sensación de realidad exacerbada, al forjarse una familia potente gracias a las actuaciones de Nehemie Bastien y Faustin Pierre, que entregan una interpretación honesta y natural que se mimetiza con la puesta en escena, con un bosque que vive, cruje, florece y se retuerce bajo la fotografía de Gökhan Tiryaki, quien supo hacer sentir la cinta parte de la tierra misma. Por su parte, el sonido esclarece el comentario que Joaquín me dijo durante una entrevista: “es cine y está hecho para verse en el cine”. La naturaleza se escucha viva y reverberante, envolvente entre aves, insectos, el crujir de las ramas, el quebrarse de los troncos y el tiritar de las ascuas de una fogata que calienta la minúscula cabaña en la que se refugia la familia.


The Garden We Dreamed


El protagonista, Junior, lleva en la espalda unas marcas que pronuncia como si hubieran sido las alas arrancadas de una mariposa monarca. Y es que la metáfora funciona como sentencia, puesto que, durante el ciclo migratorio de las monarcas, las mariposas que regresan, o que van, del sur al norte en realidad no terminan de llegar, sino que ponen huevecillos en el camino, asegurando que la siguiente camada sea la que logre terminar, o comenzar, el ciclo. Así la amenaza se cierne sobre la historia: ¿esta familia de migrantes es la elegida para encontrar ese jardín soñado? ¿Será la siguiente? O, como la innumerable cantidad de mariposas que observamos en los suelos del bosque, ¿será su destino perecer a secas?


Joaquín es un director que ya había pisado la Berlinale con su primera obra, Maquinaria Panamericana (2016), una cinta que ya exploraba las dinámicas del capitalismo hostil. Después, con El Hoyo en la Cerca (2021), continúa con los universos privados, siendo él tanto un estudiante durante un año en un colegio católico como parte de la empresa familiar que lleva el mismo nombre de su primera cinta.


Esta película, tal vez la que pueda ser menos personal, es, a mi parecer, una clara muestra de que como director ha consolidado sus temas y afinado su estilo para superarse a sí mismo en una obra que se siente llena de amor por la naturaleza, compasión por sus personajes y sus temas, y un profundo respeto hacia el quehacer cinematográfico. No queda más que esperar que, así como a las mariposas, que esta cinta emprenda su retorno desde la invernal Berlín, al México en dónde que se gestó, dónde estaremos ansiosos de recibirla para homenajear el mérito que merece. 



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